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¿Las personas con TDAH y TOC se parecen a la hora de enfrentarse a los cambios?


Cuando pensamos en el TDAH y el TOC solemos imaginarlos como dos mundos distintos: uno asociado a la impulsividad y la búsqueda de novedad; el otro, a la rigidez y el miedo a equivocarse. Por tanto, solemos asumir que quienes tienen TDAH son “demasiado cambiantes” (cambia de plan cada dos minutos, salta de una actividad a otra sin terminar lo que ha empezado) y que quienes tienen TOC son “demasiado rígidos” (siguen exactamente el mismo orden, son muy estrictos con los horarios). En ambos casos se habla de un problema de flexibilidad cognitiva. Pero… ¿es algo que afecta igual a todas las personas con TOC o TDAH? ¿Qué ocurre cuando se enfrentan a situaciones donde las reglas cambian y toca adaptarse?


Estas preguntas guiaron un estudio que hemos publicado este año en Comprehensive Psychiatry (https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0010-440X(25)00016-1). Para ello, utilizamos modelos computaciones para tratar de entender cómo aprendemos las recompensas y los castigos y una técnica de neuroimagen (fNIRS) para medir la actividad cerebral en reposo. Queríamos explorar si existen mecanismos comunes entre el TDAH y el TOC y, si no, qué los diferencia a la hora de aprender y reajustar la conducta. En nuestro estudio, 43 adultos con TOC, 53 con TDAH y 52 personas sin diagnóstico completaron una tarea diseñada para medir “flexibilidad”: los participantes tenían que elegir entre dos colores, uno daba puntos la mayor parte del tiempo y otro los quitaba; pero, tras unas cuantas rondas, las reglas cambiaban y el color “bueno” pasaba a ser el otro.


¿Qué descubrimos?

Tanto el grupo con TDAH como el de TOC tardaron más en detectar ese cambio y ajustar su conducta. Hasta aquí, resultados similares. Pero la razón por la que les costaba no era la misma.

En el TOC pesaba mucho el castigo. La idea de “perder 5 puntos” tenía un efecto claro en sus decisiones. En el TDAH, en cambio, mandaba la recompensa inmediata. Lo interesante es que el TOC, tradicionalmente asociado a rigidez, aquí no mostraba perseveración. Más bien trataban de adaptarse, pero la sensibilidad al castigo influía tanto que dificultaba el proceso.


¿Qué nos dice la conectividad cerebral?

Antes de empezar la tarea, registramos la actividad cerebral en reposo durante nueve minutos. Solo mirando un punto fijo. En las personas sin diagnóstico, la comunicación entre las áreas parietales izquierda y derecha predecía lo bien que luego aprenderían qué color daba más puntos. Un equilibrio en esa conectividad parecía ayudar a integrar mejor la información decastigos y recompensas.


¿Para qué sirve saber esto?

Nuestros datos apuntan a algo que puede ser muy útil en terapia: reducir la incertidumbre ayuda. Proporcionar instrucciones claras, estructurar la información o anticipar posibles situaciones de cambio puede facilitar que personas con TDAH o TOC adapten mejor su conducta. Además, entender qué mecanismo predomina en cada persona abre la puerta a intervenciones más ajustadas, que vayan más allá de la etiqueta diagnóstica.

 
 
 

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